martes, 23 de agosto de 2016

El plagio de Peña Nieto






“En cualquier otra nación esto sería una bomba terrible”, dijo Víctor López Villafañe, uno de los autores plagiados para Aristegui Noticias, “pero en México con un sistema político tropical no pasa nada” (ojo, por favor, que utilizo las comillas). Así es de contundente, pero me lleva reflexionar sobre la facilidad con que llegan al plagio algunos estudiantes mexicanos.

Como maestro, he visto más de una tesis y, desde mi punto de vista, el copia y pega está muy difundido, sin que exista el rigor metodológico para poder llegar a una cita bien utilizada. En todos los casos, he creído mirar ignorancia y no mala fe, pero entiendo que no hay forma de exculpar a una multitud de plagiarios por el mero hecho de cometer errores sistemática y extendidamente.

Luego entonces, ¿por qué alarmarse tanto? Además, es un estudiante de licenciatura en derecho, que ante los ojos de los científicos, no da para mucho. Es simple, la deshonestidad es el pan de cada día, pero no debería ser de esa manera, y hay mucha gente empeñada en hacer bien su trabajo, y eso también me consta; hay gente con rigor metodológico, con pulcritud y rectitud científica, haciendo bien su trabajo. En otro nivel las publicaciones son arbitradas, y nada pasa sólo por estar bien maquillado. Ellos, los que hacen bien las cosas, los que hacen ciencias sociales y exactas, son los que generan conocimiento para todos, y es por ellos por quién resulta difícil pasar por alto el copiar sin citar las fuentes.

Pero un presidente de México no hace ciencia, ni genera nuevas ideas, ni siquiera propone métodos nuevos para solucionar viejos problemas (está bien visto); y si somos estrictos, él no es un criminal hablando exclusivamente de su desastrosa tesis (plagiada en parte), pero sí alguien sin escrúpulos y sin disciplina para hacer su trabajo correctamente, sin elementos para llegar a conclusiones profundas sobre cualquier tema. Eso sí es grave en el ámbito de la dirección de un país.

Es decir, no llegan los más destacados a los puestos de dirección gubernamental, sino los mejor posicionados en términos de características de menor valía: los apadrinados, los que tienen soltura y holgura económica, o los que están en los círculos del poder desde siempre. Eso también es grave.

Que el presidente haya plagiado grandes o pequeñas extensiones de su tesis no me sorprende, y tampoco me sorprende que continúe ahí, inamovible, porque lo sostienen miles o quizá millones de personas que hacen lo mismo, y a las que esos deslices de la ignorancia, o del abuso, les parecen cosas sin importancia. Aurelio Nuño, el secretario de educación, dijo al respecto: “me parece que es un señalamiento que no corresponde con la realidad ni realmente con algo trascendente o importante”.

¿Qué es importante entonces? Habrá quien se ocupe con cabeza pequeña, como el titular de la SEP, de los grandes temas de la existencia nacional, pero creo que hay quienes tienen y deben ocuparse de los temas sin importancia: de la miseria que se vive día a día, de las minucias de la ignorancia de nuestros gobernantes, de la pequeñez de los miles de muertos en México, de la insignificancia de los desaparecidos de todos los días.


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