Hoy me concentraré en la imagen que se forma Enrique Peña
Nieto en un espacio público. Y, ¿por qué es importante abundar en un tema tan
trivial como éste? Porque esa misma imagen, eso que parece trivial, es en
realidad una avalancha publicitaria que se forja alguien que dirige un país, en
su labor de ser aceptado (no de gobernar con justicia, no de tomar decisiones
que favorezcan a la generalidad, no de llevar un proyecto de nación que privilegie
la equidad, por ejemplo), y de aplacar cualquier duda, cualquier dejo de
inquietud, de idea revolucionaria (en términos de cambio).
Aquí me detengo un momento. La aceptación del presidente de
México no es generalizada, hago una suposición, pero las críticas se
limitan a comentarios sin filo, a un malestar que se asimila como parte de la
vida diaria. Este estatismo, este conformismo, ¿tiene su origen en el cuidadoso
manejo de la información, de la imagen de los gobernantes? Para mí resulta
obvio.
La cuenta de Twitter de EPN (ttwitter.com/EPN), es
intelectualmente aburrida: en sus tuits más recientes se limita a publicitar sus
reformas y hablar de su labor diaria (instruí, reconocí, compartí, presidí…);
manda condolencias las veces que puede y parece que México y Turquía son tan
afines que cualquier día de estos viajo para tal país y me tomo un café con esos
amigos. Hay un conglomerado de temas que se esperaría en un espacio sin idea
personal: migrantes, reformas, estados… Algo más parecido a la cuenta de la
Presidencia de la República. No abundan las ideas: lo mismo habla del “Mago”
Septién que de los bombazos en Rusia, pero no comenta del aniversario del
levantamiento zapatista o de las notas de relevancia en México y que
pueden considerarse como negativas (protestas, líderes sindicales corruptos,
desapariciones, grescas, tiroteos...), es decir, niega una parte de la realidad
nacional.
Más divertida es la lista de las personas o instituciones
que sigue: los turcos Abdullah Gül y Recep Tayyip Erdoğan (seguramente usa el
traductor de Google para entenderse con ellos), el boxeador mexicano Canelo Álvarez
y otros deportistas, una pléyade de chefs, Sopitas (“un tipo muy afortunado!”),
las secretarías y otras instituciones de gobierno, algunos presidentes,
economistas, asesores, secretarios y gobernadores. Figuran Joan Sebastian y Alejandro
Fernández (y su vena artística, su vocación de farándula), la gente de Televisa
(desde el joven espadachín Loret de Mola, la señorona del espectáculo informativo,
Adela Micha, hasta el padre de todas las calamidades: Emilio Azcárraga), e
integrantes de diferentes partidos (los que favorecieron la recientes reformas).
Denise Maerker tiene su espacio ahí, y las voces críticas de México: Javier
Alatorre y José Cárdenas, y mira, eso es ser incluyente: Andrés Manuel López
Obrador (Dios salve a este presidente que a todos escucha). Muy cerca, el
orgullosamente mexicano, luminaria nacional, Manlio F. Beltrones, amor de sus
amores, ¿o lo será Sofía Castro, su esposa? (que luce cosmopolita en su perfil,
tan juvenil y sensible: “Just an Ordinary Girl”).
Un variopinto, vaya, que me parece una camisa mal planchada
del presidente, que ¿habla de sí mismo, de la intención de
parecer popular, humano, incluyente? ¿Quién maneja sus cuentas, él en sus ratos
de ocio, su secretario más joven? Lo que sea, es la imagen que proyecta, que pretende,
y la imagen que el colectivo que menos cuestiona se queda de él. Vaya aglutinado tan grosero, el tropel los que van en carros blindados, de los que
dirigen los destinos de la nación, los de las sonrisas impecables.


