domingo, 15 de diciembre de 2013

Reforma Energética



Cuando pienso en la Reforma Energética, pienso en un robo, en donde las tácticas fueron descaradas (hablando de ingeniería legislativa), pero en donde también se utilizó una bien afilada campaña publicitaria.

El espot comienza con una vista aérea de una plataforma petrolera que podría ser de Petróleos Mexicanos o cualquier otra empresa en otro lado del mundo; el mar, el espacio abierto, la tecnología en un logro mayúsculo. Después el discurso comienza, con la imagen de un niño con las manos peligrosamente llenas de algo negro que se sugiere petróleo (¿sin refinar?, y que no recomiendo para nuestros hijos: estar jugando con químicos): “El petróleo es nuestro”, dice la voz lapidaria en off, que no deja lugar a dudas. Se puede entender el sentido de pertenencia del petróleo, pues se trata del subsuelo, del territorio nacional, pero después el narrador continúa (con el niño despeinado como tomando el son con la mano, en un lugar común visual): “El sol es nuestro, el agua es nuestra, el viento es nuestro...”. El agua, lo entiendo también, pero el sol y el viento no tienen una razón que nos facilite la pertenencia: quizá es mejor decir: es te todos. Es probable que suene puntilloso, pero en esta facilidad que se toma la publicidad, hay una base de engaño: sería como decir que el universo pertenece a México. Pero, efectivamente, nos da un tono de poder, de pertenencia superior. Y los niños, claro, corriendo, nadando, abriendo los brazos como aviones, como aves... Liberados de sus padres, y felices, por supuesto. ¿Porqué se les permite a los niños, a los jóvenes, el cabello largo? ¿Qué significa el cabello largo? En secundaria traer el cabello largo es motivo de castigo, y en ningún trabajo “serio” es permitido. Es rebeldía. Pero en publicidad son muy socorridos los greñudos. Después, se aclara que “esas, son las fuentes de energía de México, y todas son nuestras”. Campos eólicos, campos verdes, amplios espacios plenos de celdas solares... Un país de primer mundo con un evidente aprovechamiento de los recursos energéticos. Y los niños insistentemente, claro, esas caritas alegres, inocentes, ese futuro de México corriendo en el campo, sin miedo a los secuestradores ni a las serpientes. “Por eso hoy, le decimos NO a la privatización, SI a la Reforma Energética. Con ella vamos a tener más energía a menor costo para impulsar el progreso de todos los mexicanos”. Hay que ir por partes. ¿Qué significa privatizar? Si es pasar una empresa, un bien o una actividad del sector público al sector privado, ¿no es precisamente lo que se está haciendo con la R. E.? Ganancias compartidas, contratos, explotación por extranjeros. ¿Cómo se explica ésto en términos fuera de la privatización? ¿Que nos quieren vender? “Reforma Energética, toda nuestra energía para mover a México”. Nos quieren vender la idea de que esa reforma cambiará la vida de los mexicanos, aunque esto se complementa con la publicidad por radio y televisión; empleos de calidad, energéticos más baratos, menores costos de electricidad. Pero tampoco explican la mecánica de estos beneficios: entre la R.E. y los supuestos beneficios además de décadas, hay un imaginario inexplicable. Lo lógico es: las ganancias que podría tener México, las compartir, en el mejor de los casos. Resulta ilógico.

El espot analizado en esta entrada, podría vender refrescos de cola, con ese mismo ambiente optimista, con esa misma ligereza de la libertad, con el mismo encanto de la belleza infantil, de la ternura, de la limpieza... A pesar de las manos sucias, de la prosaica dinámica en las votaciones en el senado y en la cámara de diputados... Entre amenazas, entre agresiones, entre frases como “ya se las metimos”.

2 comentarios:

  1. Muy buen análisis te aventaste, desafortunadamente la mayoría de las personas no tienen tu misma capacidad de observación. En un país donde la religión y la ignorancia se combinan predominantemente, nunca habrá cabida para el enfoque critico y objetivo, pues estas son incompatibles

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    1. Eres muy gentil por tu comentario. Tienes razón, al final, hay razones incompatibles. Habrá que hacer una revolución, comenzando por las ideas.

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