lunes, 2 de julio de 2018

La tristeza del presidente


Después de mirar el gesto desencajado de Peña Nieto, me pregunté qué estructuras mentales se le habían derrumbado después de un triunfo tan contundente como el de López Obrador, cómo había cambiado su vida, de qué tamaño era su desdicha. La buenaventura de un país, su gloria o su desgracia, está en manos de hombres, de mujeres, que al final son parecidos a nosotros, al menos en las respuestas básicas. Viven diferente, tienen recursos ilimitados, pero el dolor o la infelicidad es universal. Lo mismo ocurrió con Meade, pero su caída fue de menor altura; Anaya mostró otra actitud, y a él le queda responderle a un partido al que robó una candidatura, sin hablar de las cuentas que podría tener con la ley; Anaya mostró beligerancia aún en la derrota, una fortaleza “patriótica” que me pareció apareada con el orgullo, con la brillante inteligencia como reflejo del mal mismo.

Las lágrimas que no vimos del presidente quizá acontecieron antes, o después de su comparecencia, y quizá su rostro sea el símbolo del fin de un sistema o de una época, y quizá el cambio siempre implique dolor, dolor de quien sea; parir una nueva vida es doloroso. Pero, ¿en serio le cuesta tanto al señor presidente? Seguramente su rostro simplifique a muchos personajes públicos o anónimos, vividores del poder u oportunistas, carroñeros y simples bandidos… Personajes de la vida nacional, acomodados funcionarios, emprendedores de lo ajeno, o empresarios con aire de políticos. El resumen la de vida nacional en una expresión. Quizá alguien le dijo al presidente: “llora, llorar no es tan malo, los hombres también lloran”, o quizá: “la cagaste, eres un pendejo”, o peor aún: “mejor pélate, te van a chingar”. Sólo el presidente lo sabe.

En contraparte, el semblante de Andrés Manuel, que también resume algo: la esperanza, la ilusión de millones de mexicanos que, por otro lado, no saben el camino. Pero de eso se trata, de dar una razón y un destino, de desaprender la basura y aprender lo nuevo: a vivir sin joder al otro, de ganar lo justo y no desear lo ajeno, de trabajar bajo el amparo de la justicia. Palabras mayores son: Sociedad civil organizada, unidad latinoamericana, refundar la patria… Palabras del buen amigo Jesús Nava, y que deben estar en boca de todos, o mejor aún, en las cabezas y en rostros también.

lunes, 18 de junio de 2018

Viva México




 

Son tantos sentimientos… Los niños jugando en el jardín de plástico (casi El jardín de cemento, de Ian McEwan), el día del padre (y ese devenir de los días que se festejan en nada, en simples días), mi gastroenteritis que literalmente me tiró el día de ayer… Entre eso, mirar ganar a la selección nacional no me supo a nada.

A pesar de ser impopular, la selección nacional me sabe en éstos tiempos a una distracción terrorífica. Catarsis, dijeron en el Times, pero no estoy seguro de que sea el momento adecuado.

El fútbol siempre me ha gustado, y he mirado partidos abrumado por la emoción, pero hay un dejo de necedad, de abrumadora ceguera en el entramado nacional de ésta época; la gente celebra de forma irracional, como cuando se es feliz, feliz de las cosas simples. Quizá ese sea el verdadero amor, el que se siente por lo que no tiene sustancia, por lo que no tiene razón y aún así se desea, se pretende, se goza.

¿Se privatiza el agua? A quién le importa, el Chucky Lozano metió un gran gol; alguien en Alemania izó la bandera mexicana, aquí algunos quemaron la alemana…

Me sorprenden, en la revoltura del río, mirar a los simpatizantes del PRI, o del PAN, pero ya no tanto. Merecen, merecemos, cada gota de sangre que se derrama, cada desaparecido… Merecemos cada acto de corrupción, cada robo, cada hectárea que se deforesta, cada esquina rebosante de basura… Merecemos el miedo para nuestros hijos, la perrada que les espera. Lo merecemos, ¿lees bien?

Pero que viva México, gritamos con la boca mosqueada, con las vísceras contenidas con un hilo al que llamamos estabilidad social, y también futuro prometedor… Que viva México mientras los mexicanos mueren.

martes, 22 de mayo de 2018

Proceso electoral




¿De qué se trata este proceso electoral? No me parece un proceso trivial, uno más en el ejercicio de la “democracia” en México; no es igual porque venimos de un largo camino en donde no sólo hemos perdido el control de nuestros bienes naturales, sino el control de nuestro futuro, la seguridad de nuestras familias (de nosotros mismos)… En ese camino se han perdido cientos de miles de nosotros mismos, se ha perdido el sentido de nuestra educación, nuestra identidad, nuestro respeto por la vida, nuestra inocencia (porque podemos mirar demasiadas cosas atroces sin escandalizarnos), nuestra belleza… Y nos hemos armado de una manera de ver el mundo escandalosa, inútil, que sólo enfatiza en nuestras carencias a nivel personal, y no en las de la colectividad.

Ninguno de los candidatos resulta perfecto, es evidente, pero al menos uno de ellos tiene un discurso diferente. Miedo me causa pensar en la continuidad de lo atroz, en la persistencia de la ceguera, en el establecimiento de la absurdo como parte del cada día. No es Meade, no es Anaya o el Bronco, es el camino tras de ellos, es la red que se teje a su alrededor, esa red en donde están los viejos políticos, las decisiones que se tomaron para el "bien" de todos y nos tienen en éste estado de postración; los mecanismos que nos tienen atontados frente al televisor, frente a las campañas de miedo, frente al bien hablar de algunos, frente a la corrupción (la descomposición de los cuerpos, de los espacios naturales, de las relaciones sociales). No es el PAN o el nuevo PRI, es el camino de sangre, de pobreza, de desfalcos, de robos, de engaños que trazaron ellos.

No sé si un López Obrador o una Marichuy podrían con tanto, con décadas de olvido, con la sepultura de los olvidados… Pero creo que no tenemos más remedio que entendernos con un nuevo rumbo, con una nueva postura, y a eso, justamente, podemos llamarle “esperanza”.

Vamos pues, no defendamos nuestra miseria como un tesoro, nuestra inseguridad, nuestra basura; no seamos como quien carga un tabique en muestra de lo que fue nuestra casa. Vamos, pues.

miércoles, 9 de mayo de 2018

De 10 por la educación


Se trata de preguntas válidas, sin embargo basadas en el modelo actual, sin cuestionar su eficacia; es decir, ¿el modelo curricular actual es pertinente? ¿La nueva reforma responde al desarrollo intelectual de los educandos? ¿Se trata de implementar nuevas reformas para formación de ciudadanos felices, conscientes de su realidad, reflexivos, comprometidos socialmente, en congruencia con las necesidades del país y en un marco de globalización? La pregunta básica es: ¿Hay una conexión entre el modelo curricular y el impacto que se espera en los alumnos? A LAS nuevas reformas se les acompaña de transformaciones administrativas, de camisas de fuerza burocráticas, de máscaras de pluralidad y democracia, de independencia escolar maquillada con los Consejos Técnicos Escolares (lineamientos nacionales para forzar las necesidades particulares, si acaso es posible). La administración de personal se ha fundado en la evaluación docente, convirtiendo en un viacrucis la incorporación de nuevos educadores (que después del examen son ubicados en comunidades distantes de su localidad y en condiciones laborales cuestionables, limitados a contratos en donde su estancia es débil, en donde sus posibilidades de crecimiento son limitadas). Evaluar para educar es una necesidad, pero ¿quién está evaluando con profesionalismo y objetividad la compleja diversidad magisterial, los múltiples escenarios sociales y culturales?, ¿quién desarrolla los exámenes?, ¿en qué contexto político y social se da la evaluación?

La operatividad de la escuela es observar que un auto se traslade de un lugar a otro, que se abra con puntualidad y que se apliquen los exámenes desde el centro neurálgico del país; en tanto, los grupos se compactan (más de treinta alumnos, si nos va bien, por salón), mientras el personal de apoyo se limita, mientras los salarios de los profesores suben a razón de 3.4 por ciento anual (y otras prestaciones que se presumen festivamente), mientras la carga laboral, el peso de la responsabilidad educativa, recae en nosotros. Los excesos magisteriales no son responsabilidad de todos los profesores y profesoras, lo mismo que las políticas educativas; la consulta sobre el currículo no se ha hecho, no al menos de manera oportuna (en la anterior reforma se nos consultó cuando estaba ya cocinada, en un ejercicio burdo de falsa integración)… Los especialistas, ¿quiénes?, permanecen en el anonimato, así como sus argumentos.

Los 10 cuestionamientos de diversas redes de la Sociedad Civil, no dejan de parecerme planos, como la política educativa de las últimas décadas, y a destiempo: antes de cualquier reforma, la interrogante social debería ser un componente transformador, necesario para la congruencia y el fortalecimiento de cualquier nueva directriz. Ahí, en el documento de 10 por la educación, está la sombra inequívoca de la iniciativa privada, en su doble faz de empresarios y comerciantes, y al mismo tiempo protectores del saber, los buenos conocimientos y sanas costumbres.

Para cerrar... en su primer pregunta: "¿Qué acciones implementarían para que el modelo curricular vigente se aterrize efectivamente en todas las aulas?", hay una falta ortográfica evidente.

(Documento completo: https://10porlaeducacion.mx/?s=seccion&id=14 )

lunes, 7 de mayo de 2018

De la evaluación docente




Siempre habrá quien obtenga mejores resultados en un examen de evaluación docente y promoción, no se trata de cuestionar la preparación de un profesor que la enfrenta, no aquí.

Hace unos días presenté el examen para acceder a puestos directivos en educación básica, que se dividía en diferentes áreas: Gestión escolar, la escuela y el trabajo en el aula, mejora profesional para asegurar la calidad educativa, etcétera. Trabajé más o menos arduamente, como es posible en el contexto del trabajo semanal en la escuela y familiar en casa (lo que más o menos cualquier maestro puede hacer en promedio), y me presenté para enfrentar el “reto”.

El examen se realizó en dos sesiones (4 horas para cada una de ellas), y en términos de movimiento y estancia fue incómodo pero pasable. Sin embargo, pensé demasiado en las personas que elaboraron los reactivos, en la institución (¿el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación?, ¿el Servicio Profesional Docente?), a veces con risa, a veces molesto, a veces frustrado.

Como referentes personales sólo puedo decir que soy maestro, que soy lector y que escribo, y los reactivos me parecieron muchas veces poco claros, mal redactados, fuera del contexto en el que están las escuelas del norte del país, o sencillamente carentes de lógica (la misma lógica con la que resolvemos día a día los problemas en la escuela). Más de una vez me cuestioné: ¿deberían decir tantas cosas para preguntar eso?, o: ¿es necesario complicar la redacción para comprobar que entiendes un concepto? Algunos ejemplos: Me pareció excesivo el rodeo aparatoso para indagar si sabíamos sobre la laicidad en la educación (¡en más de una pregunta!). ¿Se trataba de un examen de resistencia o de comprensión lectora? Y, en serio, ¿es valida opción de invitar a la escuela a la Compañía Nacional de Danza o a la Federación Nacional de Ciclismo en la escuela? Cuando leía las opciones me preguntaba cuántos de nosotros habíamos tenido el placer de ver a la Compañía Nacional de Danza (quizá la he disfrutado en un par de ocasiones), o si en Ensenada hay una sede de la FMC… No importaba, es verdad, si nos enfocábamos en la razón de la pregunta, pero se nos presentaba un espacio ajeno, circunstancias que no son las que vivimos en la cotidiana escolar, ni en la vida del norte, vámonos entendiendo.

Era imposible sacar una fotografía de las preguntas, ni siquiera copiar alguna, pues se nos recogían las hojas que se nos proporcionó. Pero también es imposible acceder a un mejor puesto en el ámbito educativo sin entrar en el juego de la ineficiencia, de la inoperancia, sin caer en las fórmulas gastadas de educación, de los formulismos jerárquicos, de la simulación, de las políticas, de las reformas en México.

¿Qué información da una evaluación mal realizada? ¿Quiénes llegan a ser maestros, a ser directivos o jefes de enseñanza? Esa es una cuestión que me agradaría saber, y mejor aún, el impacto en las escuelas y en los educandos.