miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las cosas que no puede hacer un maestro (a) en estos tiempos



No le puedes dar una palmada en la espalda a un alumno (a) (podría parecer una agresión, o un acercamiento sexual).

No le puedes prestar un libro (podría no ser el libro adecuado, de acuerdo a los criterios de los padres).

No puedes dialogar ampliamente con ellos (as) (no es claro cuál es el límite de lo que pueden contarte, de lo que debes saber de él o ella, como humano).

No puedes convivir con ellos (as) a la hora del receso (se puede interpretar mal).

No puedes integrarlos (as) a tus redes sociales, ni en términos del trabajo escolar (es peligroso en todos los sentidos; el espacio abierto es deseable, como una cancha de fútbol).

No puedes molestarte o indignarte sin aparentar que “no pasa nada” (eso es una agresión que puede llevarte al Ministerio Público).

No puedes cambiar su nombre, diciéndoles “compadre” o “chato”, o “estrella” (igual y es bullyng).

No puedes platicar de tu vida (¿adoctrinamiento? ¿fuera del ámbito de tu plan de clase?).

No puedes sacarte una fotografía con ellos (¿qué se puede pensar de un profesor con esas confianzas?).

No puedes ser sólo un maestro (a) humano, con alumnos (as) humanos, en una interacción compleja que difícilmente se puede explicar sólo con términos jurídicos o sicológicos o sociológicos...

Y cuidado, papás... Un día la intimidad de su casa, como lo era la vida dentro del aula, puede ser fiscalizada hasta el hastío y la destrucción de la razón misma, del objetivo del trabajo en la escuela como una actividad profesional, pero también de amor.