El silencio de las autoridades se va diluyendo, después de las primera semanas de presión social por la desaparición de los 43
estudiantes de Ayotzinapa. La situación era tan delicada y tan vigilada por
algunos medios y grupos sociales, que cualquier movimiento o declaración fuera
de lugar era un seguro escándalo. Era una conjugación compleja: el movimiento de
los estudiantes del IPN y el caso de los militares en el Estado de México en
donde murieron 21 jóvenes, incluso el asesinato de la tuitera en Tamaulipas y
el estudiante muerto durante el Festival Cervantino. Un caldo
nutritivo para la rebelión, para el despertar social, para el fin de la
pasividad de la gente.
Sin embargo, la posición gubernamental se va fortaleciendo, la cargada se ha visto venir desde el mismo PRI, que arremete en río revuelto contra Andrés Manuel López Obrador, y desde la óptica siempre
conservadora, y entonces cómplice, del presidente Enrique Peña Nieto: “Alcanzar
el país que anhelamos, que soñamos, el que venimos moldeando y armando entre
todos, depende de una gran sinergia, de un esfuerzo compartido entre gobiernos
y sociedad, porque aquí importa el quehacer de cada mexicano”.
Suena lindo, pero la realidad dista mucho del
discurso conciliador, la realidad son miles de desaparecidos en un medio, señor
presidente, en donde no se privilegia el respeto ni la igualdad, ni la
diversidad, ni la legalidad. Esas palabras en el contexto de un gobierno que se
ha preocupado por privilegiar al capital privado, en donde prevalece la
impunidad, suena a basura, señor presidente. Mejor quedarse callado, pero eso
es algo que no puede hacer el poder en ACCIÓN. “Aplicar la ley sin distinciones”,
dice el señor presidente, cuando históricamente se han pisoteado los derechos
de los más desprotegidos, de los que menos tienen.
Por supuesto, el nuevo gobernador, Rogelio Ortega
Martínez, ya hizo el primer llamado en este esquema del poder en México: “encauzar
las manifestaciones y hacerlas dentro del contexto de la ley”. Que pobre y que
familiar me resulta esto, como el preludio de la represión misma. Sin embargo,
agrega el gobernador interino: “si es exponer mi vida, eso es lo de menos”, y
que valiente suena el hombre... y amigable y solidario (¿con quién?):” a las
madrecitas y padres de familia les quiero pedir que confíen en mí, que yo
caminaré con ellos. Le pedí al presidente (Enrique) Peña Nieto caminar en este
objetivo pensando en el escenario deseable, pensar en que están vivos y que
podamos recuperarlos”.
Yo que las madrecitas me andaba con cuidado, pues un
político en estos tiempos no es de fiar. Mira que ni al padre Solalinde le
perdonaron la franqueza, ojalá no se traguen esa basura tan masticada del lenguaje gubernamental.
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