miércoles, 1 de octubre de 2014

Que no se nos olvide



Aún me puede sorprender la violencia en México: “Policías disparan a normalistas en Iguala”. Históricamente los estudiantes han dado la cara y la sangre por las causas perdidas, pero en este caso no se trataba de una revuelta estudiantil: con claridad sólo se trató de una cotidiana toma de autobuses y una agresión desmedida de policías municipales y federales. “Al parecer alguien los contrató para que vinieran a hacer desmadres”, dijo el alcalde de Iguala, con ese lenguaje tan colorido de los políticos con aire de pueblo y entrañas de diputado o senador.

(Aterrador desde cualquier óptica son los más de 40 desaparecidos, que se exigen vivos, como si no supiéramos lo que usualmente sucede en este país).

En la Ciudad de México, la multitudinaria marcha de los burros nada tontos del Instituto Politécnico Nacional, con demandas muy precisas en lo que respecta a su educación. Mínimo me parece decente, apropiado para quien se hace responsable de su aprendizaje, en otra de esas muestras sorprendentes de que en el colectivo del pueblo hay espacios humanos en donde existe noción de la basura que se nos da a comer cada día. "Hemos detectado la presencia de estudiantes que no son del Politécnico... una mezcla extraña de gente... un movimiento político", dijo Yoloxóchitl Bustamante, directora general del IPN, con tonos de intransigencia policial y dentros de secretaria de gobernación.

(Debo añadir el encanto de mirar a la UNAM y el Politécnico, y la UAM, en un entendimiento lejos de las canchas).

Por esos rumbos de Zacatenco y el Casco de Santo Tomás, se nos fue Raúl Álvarez Garín, politécnico emblemático del movimiento estudiantil del 68, luchador social, militante de la izquierda mexicana más decente. Álvarez Garín, inconforme como los que miran con claridad y a distancia, participó en movimientos estudiantiles, magisteriales, campesinos y obreros. Ya no hay muchos así. “Sin él no habría La noche de Tlatelolco. Sin él no habría ese líder valiente y justiciero, capaz de permanecer meses, semanas y días en huelga de hambre (...), sin él jamás se habría dado el juicio que lo hizo llevar a Luis Echeverría al banquillo de los acusados”, escribió Elena Poniatowska, con aliento amoroso lucidez magnífica, por encima de la nata putrefacta de la dictadura mexicana.

(Ayer, el secretario de gobernación, Osorio Chong, sorprendió a propios y extraños dialogando con los estudiantes fuera de su búnker. No se esperaba menos ante la delicada, la fina capa de estabilidad en un país que se tambalea. Más interesante es entender que en un gobierno no gobiernan imbéciles necesariamente, sino una tropa bien malintencionada, con objetivos nítidos y por tanto, temible).

Pero aquí que lejos estamos, que distantes se escuchan los gritos, los lamentos, los recuerdos. Tomamos el microbús y vamos mirando por la ventana las calles olvidadas de las Lomitas o las calles bien peinadas del centro, y nos abrigamos con la falsa certeza de la seguridad. Parece que olvidamos, pero la gran mayoría de nuestros vecinos no puede hacerlo por la simple razón de que no lo sabe, nunca tuvo algo para recordar.


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