Creo que nunca le he deseado la muerte
a alguien, no en serio, y no recuerdo haberlo hecho en broma. Ya la
muerte de algunos animales me parece escandalosa, pero la muerte de
la gente en ciertas circunstancias me parece un tema de dimensiones
monstruosas.
Sigo consternado, pero no quiero
olvidar, no quiero acostumbrarme, no quiero asimilar la desaparición
de 43 estudiantes. No quiero dejar de sentir vergüenza, no quiero
reírme de cosas vacías, estúpidas. Pero si, me gana la risa,
aunque la risa sea agria, sea de burla, de... Tampoco quiero decir
palabras desaconsejadas en estos medios, medias palabras, palabrotas
que describan mejor a las autoridades, al poder, a las instituciones.
Sigo sin entender. Las palabras a la
medida: injusticia, crueldad, necedad, maldad, estrechez, corrupción,
poder, ignorancia... Sigo sin conciliar las ideas, la razón con la
realidad.
43 de nuestros alumnos, de nuestros
maestros, de nuestros hermanos, de nuestros hijos, de nuestros
padres, de nuestros compañeros... 43 de nosotros mismos no aparecen.
Aparecen otros, también sin rostro, también calcinados, también
mutilados, humillados hasta la pudrición de sus cuerpos; pero de 43
sólo rumores, lamentos, dolores que me dan porque puedo imaginar lo
que vivieron hasta cerrar sus ojos. 43 que seguramente no entendieron
lo que estaba sucediendo, que amagaron con pensarse en sueños, en
esos malos sueños, pesadillas. 43 que no despertaron en sus camas,
que no llegaron a casa, que no gritarán ni escribirán cartas, que
no estarán frente a grupo.
En México la gente se muere de pensar.
En México la gente se muere de leer, de salir a la calle, de
sentarse a mirar el horizonte incendiado. En México balbucea la
razón mientras vociferan las balas, candentes, cegadoras. En México
a los estudiantes, amigos, almas en pena, los rocían con diesel y
los queman. En México reina la paz de los desaparecidos.
43 somos un chingo.
Haciendo cuentas, nos faltan miles más
43. También nos faltan huevos, nos falta aquello que llaman
dignidad, y nos sobra alegría obscena. Nos sobra necedad, nos sobra
fiesta y nos falta un rencor transformador, y 43 también. Nos sobran
canales de televisión, nos sobran ricos, nos sobran diputados y
senadores, nos sobran palabras vacías. Pero nos falta abrir más los
ojos, y encontrar a aquellos que de tan abiertos que los tenían, se
han llenado de tierra, o de gusanos, o de flores, o de oscuridades
que no se pueden medir.
Nos faltan 43, y no está bien
olvidarlos. Regresemos sobre nuestros pasos y encontrémoslos, y
encontrémonos al mismo tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario