domingo, 26 de octubre de 2014

43




Creo que nunca le he deseado la muerte a alguien, no en serio, y no recuerdo haberlo hecho en broma. Ya la muerte de algunos animales me parece escandalosa, pero la muerte de la gente en ciertas circunstancias me parece un tema de dimensiones monstruosas.

Sigo consternado, pero no quiero olvidar, no quiero acostumbrarme, no quiero asimilar la desaparición de 43 estudiantes. No quiero dejar de sentir vergüenza, no quiero reírme de cosas vacías, estúpidas. Pero si, me gana la risa, aunque la risa sea agria, sea de burla, de... Tampoco quiero decir palabras desaconsejadas en estos medios, medias palabras, palabrotas que describan mejor a las autoridades, al poder, a las instituciones.

Sigo sin entender. Las palabras a la medida: injusticia, crueldad, necedad, maldad, estrechez, corrupción, poder, ignorancia... Sigo sin conciliar las ideas, la razón con la realidad.

43 de nuestros alumnos, de nuestros maestros, de nuestros hermanos, de nuestros hijos, de nuestros padres, de nuestros compañeros... 43 de nosotros mismos no aparecen. Aparecen otros, también sin rostro, también calcinados, también mutilados, humillados hasta la pudrición de sus cuerpos; pero de 43 sólo rumores, lamentos, dolores que me dan porque puedo imaginar lo que vivieron hasta cerrar sus ojos. 43 que seguramente no entendieron lo que estaba sucediendo, que amagaron con pensarse en sueños, en esos malos sueños, pesadillas. 43 que no despertaron en sus camas, que no llegaron a casa, que no gritarán ni escribirán cartas, que no estarán frente a grupo.

En México la gente se muere de pensar. En México la gente se muere de leer, de salir a la calle, de sentarse a mirar el horizonte incendiado. En México balbucea la razón mientras vociferan las balas, candentes, cegadoras. En México a los estudiantes, amigos, almas en pena, los rocían con diesel y los queman. En México reina la paz de los desaparecidos.

43 somos un chingo.

Haciendo cuentas, nos faltan miles más 43. También nos faltan huevos, nos falta aquello que llaman dignidad, y nos sobra alegría obscena. Nos sobra necedad, nos sobra fiesta y nos falta un rencor transformador, y 43 también. Nos sobran canales de televisión, nos sobran ricos, nos sobran diputados y senadores, nos sobran palabras vacías. Pero nos falta abrir más los ojos, y encontrar a aquellos que de tan abiertos que los tenían, se han llenado de tierra, o de gusanos, o de flores, o de oscuridades que no se pueden medir.

Nos faltan 43, y no está bien olvidarlos. Regresemos sobre nuestros pasos y encontrémoslos, y encontrémonos al mismo tiempo.

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