Después de mirar el gesto desencajado de Peña
Nieto, me pregunté qué estructuras mentales se le habían derrumbado después de
un triunfo tan contundente como el de López Obrador, cómo había cambiado su
vida, de qué tamaño era su desdicha. La buenaventura de un país, su gloria o su
desgracia, está en manos de hombres, de mujeres, que al final son parecidos
a nosotros, al menos en las respuestas básicas. Viven diferente, tienen
recursos ilimitados, pero el dolor o la infelicidad es universal. Lo mismo
ocurrió con Meade, pero su caída fue de menor altura; Anaya mostró otra
actitud, y a él le queda responderle a un partido al que robó una candidatura,
sin hablar de las cuentas que podría tener con la ley; Anaya mostró beligerancia
aún en la derrota, una fortaleza “patriótica” que me pareció apareada con el
orgullo, con la brillante inteligencia como reflejo del mal mismo.
Las lágrimas que no vimos del presidente quizá acontecieron
antes, o después de su comparecencia, y quizá su rostro sea el símbolo del fin
de un sistema o de una época, y quizá el cambio siempre implique dolor, dolor
de quien sea; parir una nueva vida es doloroso. Pero, ¿en serio le cuesta tanto
al señor presidente? Seguramente su rostro simplifique a muchos personajes públicos
o anónimos, vividores del poder u oportunistas, carroñeros y simples bandidos…
Personajes de la vida nacional, acomodados funcionarios, emprendedores de lo
ajeno, o empresarios con aire de políticos. El resumen la de vida nacional en
una expresión. Quizá alguien le dijo al presidente: “llora, llorar no es tan
malo, los hombres también lloran”, o quizá: “la cagaste, eres un
pendejo”, o peor aún: “mejor pélate, te van a chingar”. Sólo el presidente lo
sabe.
En contraparte, el semblante de Andrés Manuel, que
también resume algo: la esperanza, la ilusión de millones de mexicanos que, por
otro lado, no saben el camino. Pero de eso se trata, de dar una razón y un
destino, de desaprender la basura y aprender lo nuevo: a vivir sin joder al
otro, de ganar lo justo y no desear lo ajeno, de trabajar bajo el amparo de la
justicia. Palabras mayores son: Sociedad civil organizada, unidad
latinoamericana, refundar la patria… Palabras del buen amigo Jesús Nava, y que
deben estar en boca de todos, o mejor aún, en las cabezas y en rostros también.

