miércoles, 19 de marzo de 2014

Los ricos también lloran




Según la revista Forbes, 10 mexicanos (hubiera querido leer 10%) acaparan la riqueza de 133 mil millones de dólares, lo que no es precisamente sorpresivo de acuerdo lo que miro a mi alrededor. Por supuesto, no deja de ser una cabronada...“el ingreso anual de 15.7 millones de hogares equivale a menos de dos terceras partes (57.2 por ciento) de la fortuna de los diez mexicanos más acaudalados”.

¿A quién le importa? Mañana nadie comentará la noticia, pocos habrán leído la nota; la gente se levantará para ir al trabajo, antes quizá se hagan un desayuno como lo entienden por costumbre (o burritos, o sándwich, o una fruta) y salgan a ganar 20 pesos por hora (que es lo que gana una conocida en su trabajo). Y así se va la vida, cuando otros tienen que administrar su fortuna, delegando responsabilidades, pensando en el mañana luminoso, al menos seguro, quizá prometedor. Qué más da, yo ayer fui por la despensa quincenal y compré 4 limones para un caldo.

No hay nada que replicar, la maquinaria es perfecta: favorece a unos cuantos y otros millones tenemos que resolver algunos detalles de la vida, como para ponerla interesante, como para decir que lo que menos nos interesa es la riqueza, que los ricos también lloran.

¿Por qué lloran los ricos?, ¿de amor, de dolor de muelas, de frustración, de la emoción de mirar una obra de arte, de agradecimiento a Dios nuestro Señor por los favores recibidos? No sé porqué lloran los ricos, pero han de llorar por algo, digo yo.

El presidente (Peña Nieto) dijo hoy que los mexicanos no pueden esperar por más tiempo para que se ejerzan los presupuestos aprobados por el Congreso para los distintos programas sociales y de infraestructura. Y entonces, ¿de eso se trata, ese es el problema? NO, se trata, por supuesto, de la justa repartición de la riqueza en México; ¿eso se logra con la reforma energética, con el seguro del desempleo a costa de las AFORES? El presidente se equivoca, los mexicanos podemos esperar más aún, y no porque yo lo diga, sino porque así sucederá, con sus costos, por supuesto: inseguridad, violencia, deterioro (aún más) de la calidad de vida...

La existencia de cada uno de nosotros se transforma cada día, poco a poco, a veces sin darnos cuenta. Sólo llega un momento en el que no podemos seguir pagando algo, en el que dejamos de hacer, en el que nuestra dieta cambia, en el que el antojo queda para otra ocasión.

Pero qué importa, somos felices que 10 de los nuestros tengan tanto, y son el orgullo de nuestro México, que del otro lado, se cae a pedazos.



Notas en:



domingo, 16 de marzo de 2014

El policía, nuestro padre




Hace unos días, mientras manejaba a casa, y a penas después de comer unos tacos, mi compañera y yo miramos como se instalaba un retén de policías ¿judiciales? En todo caso, bien armados y en camionetas sin torreta. Habríamos pasar por donde estaban y me dio curiosidad lo que dirían después de vernos: pareja satisfecha de tacos y con un bebé adormilado (nada más inofensivo). Claro, mal encarados nos iluminaron con una pequeña lámpara y buscaron entre nuestras fachas lo ofensivo, y nada encontraron, salvo... Con gesto autoritario uno de ellos le pidió a mi esposa que se abrochara el cinturón de seguridad.

¿Los policías tienen que ostentar la fuerza para ser respetados?

Me dio risa (que disimulé, si no soy estúpido), y por nada y damos vuelta a la calle para pasar de nuevo por el mismo sitio y OBSERVAR a esos hombres que dicen, nos protegen de los malos espíritus (en las denuncias que he hecho a lo largo de mi vida, nada se ha resuelto a pesar de tratarse de casos en los que se tenían pistas muy claras). Pero pensamos con claridad y no jugamos con fuego al pasar doble vez, porque, así es, parece dañino tener cualquier nexo con esa clase de personas: nuestros servidores públicos, en términos de seguridad.

Por supuesto, más de una vez me ha parado una patrulla, con razón o no, y he pagado prontamente mis multas o me he quejado con el juez cuando lo consideré necesario. Nada importante por supuesto (no traer casco, hacer un alto muy breve o incluso responder a una llamada de celular cuando no debería hacerlo), aunque, admito, faltas que no tendrían que ocurrir. Pero el punto es la actitud de los oficiales: imperiosos, mandones, déspotas, dominantes... Y cada que lo recuerdo me da un poco de risa, primero porque no me han golpeado o me han maltratado más allá de los regaños, y segundo porque considero esas actitudes como pueriles, inmaduras y hasta psicóticas.

Los policías me recuerdan a esos padres que se quitan el cinturón ante el primer atisbo de rebeldía, que no dialogan y que siempre creen tener la razón. Y es probable que la tengan, pero tienen además el impulso de regañar, de levantarse sobre del individuo, sobre el ciudadano, y demostrar el poder. ¿Eso esperamos de la seguridad?

Quizá la actitud sea lo de menos, pero si fuera poco, cualquier corporación policiaca es cuestionada por sus nexos con la delincuencia, por la corrupción y por la falta de respeto a los derechos humanos.

Una piedra más en el zapato, o más bien, una roca más sobre nosotros.

lunes, 3 de marzo de 2014

Lo que concierne y no a la Cámara de Diputados



Miro el spot de “Muerte de cuna”, de la Cámara de Diputados, y me pregunto de la razón del video, no de la razón obvia: un consejo para evitar la muerte de cuna, sino la razón detrás del consejo médico, en la imagen que se quiere dar. Busco datos en la internet que respalden esa publicación y no encuentro nada que dramáticamente haga necesaria esa intervención.

Según la página de la misma Cámara de Diputados, su función es:

Llevar a cabo estudios e investigaciones en dos vertientes: social y de opinión pública.

Integrar bases de datos con información en materia social y de opinión pública.

Difundir el trabajo que se lleva a cabo entre los Diputados, las comisiones legislativas y los órganos de gobierno de la Cámara de Diputados.

Establecer relación con instituciones académicas y organismos afines al CESOP, y promover la vinculación con ellos de las comisiones legislativas.

Luego, ¿consejos sobre cuidados maternos? Los bebés siguen vendiendo. Me parece que, como es común, se cae en el exceso publicitario para legitimar, para acercarse a una sociedad que no creé en nada o cree en todo, que desestima un trabajo que por décadas evidentemente no ha funcionado; un engaño, es decir, disfrazado de buenas intenciones y que desvía la atención de una mecánica legislativa que ha desnudado al país, que ha maquinado decisiones que socialmente no han tenido impacto revolucionario, transformador. ¿Quién se ha beneficiado con décadas de trabajo legislativo?

Claro, la caricatura de la mamá “bonita” es la razón más clara de la distancia de la Cámara de Diputados con el pueblo: las madres no suelen ser así, las caricaturizan para parecer dulces o sublimes, más madres en una concepción publicitaria, y las hay muchas, muchísimas, que no tienen ni ese aspecto de satisfacción de primer mundo, ni esa casa que se pretende: armónica, luminosa... Sino básica, entre la pobreza y la lucha del día a día.

Burdo, pero bien dirigido a las madres, que agradecen seguramente cualquier buen consejo por fuera de lugar que esté (dejémoslo, por ejemplo, a la Secretaría de Salud, con todas sus deficiencias, por cierto).

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