Hace unos días, mientras manejaba a
casa, y a penas después de comer unos tacos, mi compañera y yo
miramos como se instalaba un retén de policías ¿judiciales? En
todo caso, bien armados y en camionetas sin torreta. Habríamos pasar
por donde estaban y me dio curiosidad lo que dirían después de
vernos: pareja satisfecha de tacos y con un bebé adormilado (nada
más inofensivo). Claro, mal encarados nos iluminaron con una pequeña
lámpara y buscaron entre nuestras fachas lo ofensivo, y nada
encontraron, salvo... Con gesto autoritario uno de ellos le pidió a
mi esposa que se abrochara el cinturón de seguridad.
¿Los policías tienen que ostentar la
fuerza para ser respetados?
Me dio risa (que disimulé, si no soy
estúpido), y por nada y damos vuelta a la calle para pasar de nuevo
por el mismo sitio y OBSERVAR a esos hombres que dicen, nos protegen
de los malos espíritus (en las denuncias que he hecho a lo largo de
mi vida, nada se ha resuelto a pesar de tratarse de casos en los que
se tenían pistas muy claras). Pero pensamos con claridad y no
jugamos con fuego al pasar doble vez, porque, así es, parece dañino
tener cualquier nexo con esa clase de personas: nuestros servidores
públicos, en términos de seguridad.
Por supuesto, más de una vez me ha
parado una patrulla, con razón o no, y he pagado prontamente mis
multas o me he quejado con el juez cuando lo consideré necesario.
Nada importante por supuesto (no traer casco, hacer un alto muy breve
o incluso responder a una llamada de celular cuando no debería
hacerlo), aunque, admito, faltas que no tendrían que ocurrir. Pero
el punto es la actitud de los oficiales: imperiosos,
mandones, déspotas, dominantes... Y cada que lo recuerdo me da un
poco de risa, primero porque no me han golpeado o me han maltratado
más allá de los regaños, y segundo porque considero esas actitudes
como pueriles, inmaduras y hasta psicóticas.
Los policías me recuerdan a esos
padres que se quitan el cinturón ante el primer atisbo de rebeldía,
que no dialogan y que siempre creen tener la razón. Y es probable
que la tengan, pero tienen además el impulso de regañar, de
levantarse sobre del individuo, sobre el ciudadano, y demostrar el
poder. ¿Eso esperamos de la seguridad?
Quizá la actitud sea lo de menos, pero
si fuera poco, cualquier corporación policiaca es cuestionada por
sus nexos con la delincuencia, por la corrupción y por la falta de
respeto a los derechos humanos.
Una piedra más en el zapato, o más
bien, una roca más sobre nosotros.

Son así porque ta falte orden y estructura, muchacho. :)
ResponderEliminar