Según la revista Forbes, 10 mexicanos (hubiera querido leer 10%)
acaparan la riqueza de 133 mil millones de dólares, lo que no es
precisamente sorpresivo de acuerdo lo que miro a mi alrededor. Por
supuesto, no deja de ser una cabronada...“el ingreso anual de 15.7
millones de hogares equivale a menos de dos terceras partes (57.2 por
ciento) de la fortuna de los diez mexicanos más acaudalados”.
¿A quién le importa? Mañana nadie
comentará la noticia, pocos habrán leído la nota; la
gente se levantará para ir al trabajo, antes quizá se hagan un
desayuno como lo entienden por costumbre (o burritos, o sándwich, o
una fruta) y salgan a ganar 20 pesos por hora (que es lo que gana una
conocida en su trabajo). Y así se va la vida, cuando otros tienen
que administrar su fortuna, delegando responsabilidades, pensando en el
mañana luminoso, al menos seguro, quizá prometedor. Qué más da,
yo ayer fui por la despensa quincenal y compré 4 limones para un
caldo.
No hay nada que replicar, la maquinaria
es perfecta: favorece a unos cuantos y otros millones tenemos que
resolver algunos detalles de la vida, como para ponerla interesante,
como para decir que lo que menos nos interesa es la riqueza, que los
ricos también lloran.
¿Por qué lloran los ricos?, ¿de
amor, de dolor de muelas, de frustración, de la emoción de mirar
una obra de arte, de agradecimiento a Dios nuestro Señor por los
favores recibidos? No sé porqué lloran los ricos, pero han de
llorar por algo, digo yo.
El presidente (Peña
Nieto) dijo hoy que los mexicanos no pueden esperar por más tiempo
para que se ejerzan los presupuestos aprobados por el Congreso para
los distintos programas sociales y de infraestructura. Y entonces,
¿de eso se trata, ese es el problema? NO, se trata, por supuesto, de
la justa repartición de la riqueza en México; ¿eso se logra con la
reforma energética, con el seguro del desempleo a costa de las
AFORES? El presidente se equivoca, los mexicanos podemos esperar más
aún, y no porque yo lo diga, sino porque así sucederá, con sus
costos, por supuesto: inseguridad, violencia, deterioro (aún más)
de la calidad de vida...
La existencia de cada uno de nosotros se
transforma cada día, poco a poco, a veces sin darnos cuenta. Sólo
llega un momento en el que no podemos seguir pagando algo, en
el que dejamos de hacer, en el que nuestra dieta cambia, en el que el
antojo queda para otra ocasión.
Pero qué importa, somos felices que 10
de los nuestros tengan tanto, y son el orgullo de nuestro México,
que del otro lado, se cae a pedazos.
Notas en:
http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/03/19/realizara-pena-gira-por-el-estado-de-morelos-4482.html

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