lunes, 7 de mayo de 2018

De la evaluación docente




Siempre habrá quien obtenga mejores resultados en un examen de evaluación docente y promoción, no se trata de cuestionar la preparación de un profesor que la enfrenta, no aquí.

Hace unos días presenté el examen para acceder a puestos directivos en educación básica, que se dividía en diferentes áreas: Gestión escolar, la escuela y el trabajo en el aula, mejora profesional para asegurar la calidad educativa, etcétera. Trabajé más o menos arduamente, como es posible en el contexto del trabajo semanal en la escuela y familiar en casa (lo que más o menos cualquier maestro puede hacer en promedio), y me presenté para enfrentar el “reto”.

El examen se realizó en dos sesiones (4 horas para cada una de ellas), y en términos de movimiento y estancia fue incómodo pero pasable. Sin embargo, pensé demasiado en las personas que elaboraron los reactivos, en la institución (¿el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación?, ¿el Servicio Profesional Docente?), a veces con risa, a veces molesto, a veces frustrado.

Como referentes personales sólo puedo decir que soy maestro, que soy lector y que escribo, y los reactivos me parecieron muchas veces poco claros, mal redactados, fuera del contexto en el que están las escuelas del norte del país, o sencillamente carentes de lógica (la misma lógica con la que resolvemos día a día los problemas en la escuela). Más de una vez me cuestioné: ¿deberían decir tantas cosas para preguntar eso?, o: ¿es necesario complicar la redacción para comprobar que entiendes un concepto? Algunos ejemplos: Me pareció excesivo el rodeo aparatoso para indagar si sabíamos sobre la laicidad en la educación (¡en más de una pregunta!). ¿Se trataba de un examen de resistencia o de comprensión lectora? Y, en serio, ¿es valida opción de invitar a la escuela a la Compañía Nacional de Danza o a la Federación Nacional de Ciclismo en la escuela? Cuando leía las opciones me preguntaba cuántos de nosotros habíamos tenido el placer de ver a la Compañía Nacional de Danza (quizá la he disfrutado en un par de ocasiones), o si en Ensenada hay una sede de la FMC… No importaba, es verdad, si nos enfocábamos en la razón de la pregunta, pero se nos presentaba un espacio ajeno, circunstancias que no son las que vivimos en la cotidiana escolar, ni en la vida del norte, vámonos entendiendo.

Era imposible sacar una fotografía de las preguntas, ni siquiera copiar alguna, pues se nos recogían las hojas que se nos proporcionó. Pero también es imposible acceder a un mejor puesto en el ámbito educativo sin entrar en el juego de la ineficiencia, de la inoperancia, sin caer en las fórmulas gastadas de educación, de los formulismos jerárquicos, de la simulación, de las políticas, de las reformas en México.

¿Qué información da una evaluación mal realizada? ¿Quiénes llegan a ser maestros, a ser directivos o jefes de enseñanza? Esa es una cuestión que me agradaría saber, y mejor aún, el impacto en las escuelas y en los educandos.

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