miércoles, 9 de mayo de 2018

De 10 por la educación


Se trata de preguntas válidas, sin embargo basadas en el modelo actual, sin cuestionar su eficacia; es decir, ¿el modelo curricular actual es pertinente? ¿La nueva reforma responde al desarrollo intelectual de los educandos? ¿Se trata de implementar nuevas reformas para formación de ciudadanos felices, conscientes de su realidad, reflexivos, comprometidos socialmente, en congruencia con las necesidades del país y en un marco de globalización? La pregunta básica es: ¿Hay una conexión entre el modelo curricular y el impacto que se espera en los alumnos? A LAS nuevas reformas se les acompaña de transformaciones administrativas, de camisas de fuerza burocráticas, de máscaras de pluralidad y democracia, de independencia escolar maquillada con los Consejos Técnicos Escolares (lineamientos nacionales para forzar las necesidades particulares, si acaso es posible). La administración de personal se ha fundado en la evaluación docente, convirtiendo en un viacrucis la incorporación de nuevos educadores (que después del examen son ubicados en comunidades distantes de su localidad y en condiciones laborales cuestionables, limitados a contratos en donde su estancia es débil, en donde sus posibilidades de crecimiento son limitadas). Evaluar para educar es una necesidad, pero ¿quién está evaluando con profesionalismo y objetividad la compleja diversidad magisterial, los múltiples escenarios sociales y culturales?, ¿quién desarrolla los exámenes?, ¿en qué contexto político y social se da la evaluación?

La operatividad de la escuela es observar que un auto se traslade de un lugar a otro, que se abra con puntualidad y que se apliquen los exámenes desde el centro neurálgico del país; en tanto, los grupos se compactan (más de treinta alumnos, si nos va bien, por salón), mientras el personal de apoyo se limita, mientras los salarios de los profesores suben a razón de 3.4 por ciento anual (y otras prestaciones que se presumen festivamente), mientras la carga laboral, el peso de la responsabilidad educativa, recae en nosotros. Los excesos magisteriales no son responsabilidad de todos los profesores y profesoras, lo mismo que las políticas educativas; la consulta sobre el currículo no se ha hecho, no al menos de manera oportuna (en la anterior reforma se nos consultó cuando estaba ya cocinada, en un ejercicio burdo de falsa integración)… Los especialistas, ¿quiénes?, permanecen en el anonimato, así como sus argumentos.

Los 10 cuestionamientos de diversas redes de la Sociedad Civil, no dejan de parecerme planos, como la política educativa de las últimas décadas, y a destiempo: antes de cualquier reforma, la interrogante social debería ser un componente transformador, necesario para la congruencia y el fortalecimiento de cualquier nueva directriz. Ahí, en el documento de 10 por la educación, está la sombra inequívoca de la iniciativa privada, en su doble faz de empresarios y comerciantes, y al mismo tiempo protectores del saber, los buenos conocimientos y sanas costumbres.

Para cerrar... en su primer pregunta: "¿Qué acciones implementarían para que el modelo curricular vigente se aterrize efectivamente en todas las aulas?", hay una falta ortográfica evidente.

(Documento completo: https://10porlaeducacion.mx/?s=seccion&id=14 )

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