Se trata de preguntas
válidas, sin embargo basadas en el modelo actual, sin cuestionar su eficacia;
es decir, ¿el modelo curricular actual es pertinente? ¿La nueva reforma
responde al desarrollo intelectual de los educandos? ¿Se trata de implementar
nuevas reformas para formación de ciudadanos felices, conscientes de su realidad,
reflexivos, comprometidos socialmente, en congruencia con las necesidades del
país y en un marco de globalización? La pregunta básica es: ¿Hay una conexión entre
el modelo curricular y el impacto que se espera en los alumnos? A LAS nuevas
reformas se les acompaña de transformaciones administrativas, de camisas de
fuerza burocráticas, de máscaras de pluralidad y democracia, de independencia
escolar maquillada con los Consejos Técnicos Escolares (lineamientos nacionales
para forzar las necesidades particulares, si acaso es posible). La administración
de personal se ha fundado en la evaluación docente, convirtiendo en un
viacrucis la incorporación de nuevos educadores (que después del examen son ubicados en comunidades distantes de su localidad y en condiciones laborales
cuestionables, limitados a contratos en donde su estancia es débil, en donde
sus posibilidades de crecimiento son limitadas). Evaluar para educar es una necesidad,
pero ¿quién está evaluando con profesionalismo y objetividad la compleja
diversidad magisterial, los múltiples escenarios sociales y culturales?, ¿quién
desarrolla los exámenes?, ¿en qué contexto político y social se da la evaluación?
La operatividad
de la escuela es observar que un auto se traslade de un lugar a otro, que se
abra con puntualidad y que se apliquen los exámenes desde el centro neurálgico
del país; en tanto, los grupos se compactan (más de treinta alumnos, si nos va
bien, por salón), mientras el personal de apoyo se limita, mientras los
salarios de los profesores suben a razón de 3.4 por ciento anual (y otras prestaciones
que se presumen festivamente), mientras la carga laboral, el peso de la
responsabilidad educativa, recae en nosotros. Los excesos magisteriales no son
responsabilidad de todos los profesores y profesoras, lo mismo que las políticas
educativas; la consulta sobre el currículo no se ha hecho, no al menos de
manera oportuna (en la anterior reforma se nos consultó cuando estaba ya
cocinada, en un ejercicio burdo de falsa integración)… Los especialistas, ¿quiénes?,
permanecen en el anonimato, así como sus argumentos.
Los 10
cuestionamientos de diversas redes de la Sociedad Civil, no dejan de parecerme
planos, como la política educativa de las últimas décadas, y a destiempo: antes
de cualquier reforma, la interrogante social debería ser un componente
transformador, necesario para la congruencia y el fortalecimiento de cualquier
nueva directriz. Ahí, en el documento de 10 por la educación, está la sombra
inequívoca de la iniciativa privada, en su doble faz de empresarios y
comerciantes, y al mismo tiempo protectores del saber, los buenos conocimientos
y sanas costumbres.
Para cerrar... en su primer pregunta: "¿Qué acciones implementarían para que el modelo curricular vigente se aterrize efectivamente en todas las aulas?", hay una falta ortográfica evidente.
(Documento completo: https://10porlaeducacion.mx/?s=seccion&id=14 )

No hay comentarios:
Publicar un comentario