¿De qué se trata
este proceso electoral? No me parece un proceso trivial, uno más en el
ejercicio de la “democracia” en México; no es igual porque venimos de un largo
camino en donde no sólo hemos perdido el control de nuestros bienes naturales,
sino el control de nuestro futuro, la seguridad de nuestras familias (de
nosotros mismos)… En ese camino se han perdido cientos de miles de nosotros
mismos, se ha perdido el sentido de nuestra educación, nuestra identidad,
nuestro respeto por la vida, nuestra inocencia (porque podemos mirar demasiadas
cosas atroces sin escandalizarnos), nuestra belleza… Y nos hemos armado de una
manera de ver el mundo escandalosa, inútil, que sólo enfatiza en nuestras carencias
a nivel personal, y no en las de la colectividad.
Ninguno de los
candidatos resulta perfecto, es evidente, pero al menos uno de ellos tiene un discurso
diferente. Miedo me causa pensar en la continuidad de lo atroz, en la
persistencia de la ceguera, en el establecimiento de la absurdo como parte del
cada día. No es Meade, no es Anaya o el Bronco, es el camino tras de ellos, es
la red que se teje a su alrededor, esa red en donde están los viejos políticos,
las decisiones que se tomaron para el "bien" de todos y nos tienen en éste estado
de postración; los mecanismos que nos tienen atontados frente al televisor, frente a las
campañas de miedo, frente al bien hablar de algunos, frente a la corrupción (la
descomposición de los cuerpos, de los espacios naturales, de las relaciones
sociales). No es el PAN o el nuevo PRI, es el camino de sangre, de pobreza, de
desfalcos, de robos, de engaños que trazaron ellos.
No sé si un López
Obrador o una Marichuy podrían con tanto, con décadas de olvido, con la
sepultura de los olvidados… Pero creo que no tenemos más remedio que
entendernos con un nuevo rumbo, con una nueva postura, y a eso, justamente,
podemos llamarle “esperanza”.
Vamos pues, no
defendamos nuestra miseria como un tesoro, nuestra inseguridad, nuestra basura; no seamos como quien carga un tabique en muestra de lo que fue nuestra casa. Vamos, pues.

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