Manlio Fabio Beltrones Rivera calificó de “hipócritas nacionalistas” a quienes defendieron a Petróleos Mexicanos (Pemex) y los hidrocarburos como propiedad de la nación, y definió a quienes avalaron la enmienda constitucional como “aquellos que sí estamos pensando que los cambios son obligados”.
En un fuerte discurso para responder a las críticas de la oposición e incluso al PAN, el diputado Beltrones Rivera aseguró que el mayor riesgo del país “es no hacer nada o seguir a aquellos que no proponen nada y se quedan paralizados por el tiempo y la derrota. Hoy avanzamos aquellos que quisimos construir. Y atrás se quedaron los que no tienen nada que ofrecer más que su amargura”.
Periódico La Jornada
Jueves 19 de diciembre de 2013, p. 3
Jueves 19 de diciembre de 2013, p. 3
Me llama la atención el discurso del
señor diputado, el halo de limpieza, de irreprochabilidad que se
construye. Ahora cualquier figura pública puede decir que Dios está
con él. Primero lo recuerdo en un espot en Cinepolis, antes de que
comenzara la película: parece que el señor recorre el mundo, México
al menos, escudado con la chamarra y la buena reputación de la
UNAN... Yo no comprendía que alguien hiciera un video de sí mismo,
una caricatura, diciendo que se preocupa por el mundo, o no sé, la
memoria me falla. Segundo, que elegante puede ser un diputado
mexicano, con el nudo de su corbata impecable y su traje bien
planchado... Qué digo planchado, inmaculado. Tercero: Que estúpida
suena su palabrería, fina estampa de político, formado en las más
altas esferas del linaje priísta.
Esa es la figura del político
mexicano: incapaz de escuchar, en una línea de la que jamás se
sale, y en un claro compromiso con las necesidades del país (las que
el Grupo, llamémosle así al PRI y partidos hermanos, reconocen).
¿Qué clase de país miran los personajes del Grupo? (algunos de
ellos, en la lista de los 10 más corruptos), ¿qué problemática
nacional descubren con sus sueldos abultados, con sus bonos, con sus
secretarios particulares?
Hablando de la nota del periódico La
jornada... El jovial Manlio tacha de hipocresía nacionalista a la
oposición de un proyecto privatizador, lo que ubica a un argumento
válido en términos de sentimientos fingidos, como canción de los
Cadetes de Linares, y se resguarda en el desarrollo de la nación.
Hace pensar que la oposición tiene como consigna que no se den los
cambios, aunque sistemáticamente se desoyeron las propuestas de la
barra de la izquierda mexicana, amarilla en muchos sentidos, pálida,
diría. El único cambio que se pretendía, en un resumen burdo, era
el entender a los hidrocarburos como un bien que se debía abrir a la
participación privada.
La parálisis de la que habla él señor
diputado (lo escribo de manera ofensiva, o lo pretendo), es un estado
en el que hay múltiples responsables. Y la pregunta debería ser, o
debió haber sido: ¿Qué se podía hacer para hacer dinámica,
productiva, la explotación petrolera? ¿Cómo se administró la
riqueza petrolera por décadas, cómo se debería administrar? Y
atropelladamente, en bruto, los señores bien trajeados, los de
peinado sin defecto, planearon confundir las necesidades de una
nación con la de unos cuantos.
El acto no fue limpio, y me parece
insoportable la hipocresía, pero la de ellos, y la indecente
cantidad de publicidad con la que llenan los espacios bien vistos, en
un acto de venta de ideas, aunque éstas sean pobres, vacías y para
un público acostumbrado a las telenovelas.

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