jueves, 4 de diciembre de 2014

¿Superarlo?




“Ya, supéralo”, es una frase común en el mercado del lenguaje cotidiano, una manera de burlarnos de la importancia que le damos a ciertas cosas, de minimizar para olvidar.

En Peña Nieto sonó lapidario. No dijo “ya supéralo”, dijo “marca la historia de Guerrero y del país”, pero “superemos esta etapa” y “demos un paso hacia adelante”. En sus palabras está implícita la importancia del evento y el futuro como un espacio nacional donde impera el olvido. De eso se ha tratado nuestra historia: de la deformación de los hechos y de la desmemoria.

Su propuesta es la más vulgar, precisamente, pero también es la más conveniente para el poder. El olvido implica su permanencia, no su cuestionamiento, el olvido implica el silencio de quienes piden su renuncia, de quienes piden que aparezcan 43, y miles. El olvido es el silencio de millones de personas.

Nadie quiere gritos aquí, ahí, es decir.

Las palabras de Peña, del aún presidente (para no confundir), se dieron en el marco de un evento mil veces repetido en el accionar de los políticos: la inauguración de “algo”, carretera, edificio, puente... Qué más da. “Para que sea el desarrollo lo que nos permita propiciar paz y armonía entre la sociedad y eso depende de todas y de todos, de la sociedad y del gobierno”. Es extraño que hable de paz y armonía, como en un cuento infantil, con miles de muertos, con miles de los que no se sabe su paradero. ¿Guardar silencio, inaugurar un puente, dejar de salir a las calles, dejar que se vulneren nuestros derechos asegura la paz y la felicidad?

La sociedad es, entiendo, partícipe y corresponsable de lo que sucede, pero la sociedad es históricamente manipulada por los medios de comunicación, por la educación formal (y estrecha), al vaivén las necesidades de otros. Sin embargo, en este momento de repentino malestar, del instante de lucidez social, es cuando nos enfrentamos a la absurdo discurso de nuestros políticos: “superemos esta etapa”.

En todas las líneas de la sociedad se libra una batalla: con los medios de comunicación, en las calles, en los municipios que ven mermada su autonomía, en las universidades infiltradas por militares, en las marchas infiltradas por policías... En términos de legislación es probablemente la peor época de muchas décadas, y continúan. Es probablemente un atisbo de lo que se llama revolución (cuestionable, sin bases ideológicas, sin que la generalidad participe, sin que se involucren los más necesitados), pero ese mismo pequeñísimo rasgo de rebeldía habrá que defenderlo con los dientes, con las palabras, con los sueños de algunos, de los informados, de los que tienen Twitter o Facebook... Con los que apagan la televisión.

Va pues, por los politécnicos, por los universitarios, por los normalistas, por los que entienden un poco mejor estos temas que al fin, tienen que ver con la justicia y la libertad, como si se tratara de una historieta gringa, pero en uno de los países más violentos del mundo: México. Pero habría que pensar como podría ser este un movimiento que involucrara a todos, a los más desprotegidos, a los hermanos que no tienen un teléfono inteligente, ni un librero repleto de ideas.

El gobierno federal es “gran aliado” de los guerrerenses, afirmó Peña Nieto, imagínate eso.

(La foto es de la compa Rocío)

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