martes, 22 de noviembre de 2022

La cuarta ¿qué?

 


En el caótico flujo de la sociedad mexicana, confluyeron las fuerzas principales que llevaron a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, es decir, al poder. Era su tercer intento. Cualquier ciudadano con un poco de sentido común sabía que había que votar en contra de décadas de gobiernos desastrosos, panistas y priistas.

 

Hasta ese punto hay claridad, el peso de la razón y la lógica.

 

Después de ello me pregunto si ganó la izquierda, o si ganó el personaje y se conformó una nueva “izquierda” compuesta por los que antes se decían del centro o de derecha. Es decir, ¿la izquierda gobierna el país? En todo caso es un grupo variopinto con una capacidad extraordinaria de reubicarse y en su caso, de transformarse —lo que sucede actualmente con Ricardo Monreal, por ejemplo. Nuestra izquierda es priista, así como los panistas se formaron en esa puja, el PRD, incluso MORENA en un ejercicio de interacción que podría tener mucho del malsano; así lo dejan ver las prácticas de mayoriteo en las cámaras, y la maquinaria del estado empujando con el fin que convenga (electoral, en torno a decisiones presidenciales, en contra de enemigos que deambulan entre una derecha oficial y una izquierda virtual). Alguien podría argumentar que los fines justifican, pero los fines, en conclusión, los sigue dictando un poder superior que se coloca entre lo cristiano y lo social, lo omnisapiente y en la razón absoluta que pretende tener (¿cuándo he escuchado decir a Andrés Manuel que se equivocó?).

 

¿Siguen sin notar la similitud con el presidencialismo de antaño?

 

El presente gobierno ha apostado a favor de los pobres, aunque en el discurso, los presidentes suelen tener esa orientación; la promesa a favor de los desprotegidos suele funcionar porque son demasiados, porque representan, bien organizados, una fuerza que puede votar a favor, o porque, desorganizados, no van a votar en contra. La pregunta medular, y cuya respuesta puede estar aún en construcción, es si los desprotegidos en este gobierno viven, efectivamente, en un mejor país ¿tienen mejor educación, seguridad, impartición de justicia, mejores servicios de salud? —. Cualquiera puede decir que sí, igual que lo contrario.

 

La respuesta de este gobierno es la ayuda económica a los adultos mayores y estudiantes, ¿qué ilusión se puede comprar con un cheque bimestral?, seguramente más de una. Se dice que 11 millones de mexicanos reciben algo llamado beca, en una mecánica que supone un sistema educativo al menos eficiente y un país que ofrece oportunidades a sus egresados. Claro, se trata de una opinión personal ante el abrumador sistema gubernamental. Pero, ¿por qué la percepción de los sujetos debiera ser menos importante?, ¿estamos nuevamente bajo la creencia de que los individuos no tenemos la capacidad de entender la realidad?, ¿no nos corresponde hacer una crítica de nuestros gobiernos, no tenemos la madurez para hacerlo? El señor presidente dará como respuesta firme que tiene otros datos, pero en lo que a mi respecta percibo servicios de salud al menos tan deteriorados como siempre, la inseguridad pujante, las escuelas tienen grupos sin maestros y los grupos son multitudinarios, y dígase lo que se diga, compramos mucho menos con lo que tenemos. La austeridad republicana uno de los estandartes del presente gobierno es una realidad que se siente en todos los espacios, junto con el combate a la corrupción que sigue haciendo ruido pero que hasta el momento, no deja de ser solo ruido; y claro, el brillantísimo ejercicio de la recaudación de impuestos, que funciona a la perfección para el estrato de quienes no tienen más remedio de sufrir las consecuencias de lo correcto, y no me refiero a las grandes corporaciones, sino a los pequeños y medianos negociantes que están en la posición de, ¿cómo dice el presidente?, arribistas.

 

Así es, en este sistema de organización social (desprotegidos / fifís), ¿en qué posición me ubico? (ya no decir un montón de nosotros), ¿clasemediero arribista, profesor de educación básica acaudalado, cuando llenar el tanque de la gasolina me resulta imposible? La polarización parece hacer referencia a los buenos y los malos, a los de arriba y a los de abajo, a los revolucionarios y a los contras, o a los juaristas y a los realistas ¿a qué me recuerda esta posición jodida de “si no estás con… estás en contra…”? . En el discurso podemos decir lo que pensamos, en la realidad también y no enfrentamos una acción punitiva, únicamente al descrédito, al escarnio público, que es una manera más sutil de segregar, de anular al opositor. Vamos a ridiculizar para desentendernos de lo que nos cuestiona, vaya manera de concebir la acción de gobernar.

 

Me desmarco de la oposición actual, es decir,  de los que mañana pudieran ser de MORENA, al vaivén de los flujos del poder, de los y las escandalosas que, desde sus curules, gubernaturas y presidencias entienden la política a la manera de siempre, entre el oportunismo, el protagonismo y la ambición. También tenemos la transformación que merece México, su alcance cercenado por la falta de crítica fundamentada y autocrítica, por la mezquindad, por el clasismo, sí, del que también hace gala el señor presidente, jocoso, simpático, dicharachero y egocéntrico.

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