Alguien dice por ahí, o piensa, que
tenemos la policía que nos merecemos, y lo mismo pasa con los políticos. Ellos
somos nosotros en un entramado social llamado México. Otros dicen que no todos
somos iguales, ellos, los políticos dicen que no todos son iguales, yo digo que
no soy igual tampoco. Pero, ¿cómo nos acomodaríamos en el regazo del poder,
cómo responderíamos a esas presiones humanas, a esa diversidad de intereses?
En todo lo anterior, me parece, hay
verdad; conozco gente fantástica, abierta, inteligente, capaz, a veces muy culta,
que se avergüenza de la miseria, que piensa en la otredad, pero que gracias a todo
eso detesta la política. Por otro lado, no conozco políticos buenos, aunque tenga la duda con uno, o dos. Me cuesta trabajo creer, quizá porque los hechos hablan
tajantemente. Creo, sin más rodeos, que la gente que se mete en política
abiertamente se introduce en la mierda, pero habrá quien diga “alguien tiene
que hacerlo”, ¿alguien tiene que enriquecerse a costa de los demás, alguien
tiene que lidiar con la vida de los lujos parlamentarios, alguien tiene que
aguantar la basura de las oposiciones populares? Lo que sea, tiendo a perderle
el respeto a quienes nos dicen que saben lo que necesitamos, y que todo va a ir
mejor.
Los políticos no se han ganado nuestra
confianza.
Y ahora llega el escuadrón de los
Independientes. Que emoción. ¿Quiénes son esos tipos, son de otro país, de
Noruega o Países Bajos? Las promesas no varían mucho, no hay discursos
nuevos, excepto quizá por el del joven Kumamoto que está en plena escaramuza
(diputado local en Jalisco); pero el Bronco, aquel regio tan parecido en formas
a un ex presidente, no parece independizarse de la figura ancestral del
político nacional. Localmente, un tal Omar García me parece ingenuo pero
definitivamente mexicano:
¿Aumentarán
los costos y los impuestos municipales?
-No.
Al contrario, le daremos al ciudadano nuevas opciones para que cumpla con su
Municipio. De hecho, por ejemplo, planeamos eliminar las multas de tránsito:
Canjearlas por clases de manejo. Queremos educar a la ciudadanía que lo
necesite y no quitarles más dinero, porque estamos conscientes de que sólo así
podremos salir de este retroceso que vivimos actualmente.
(La liga de la entrevista completa al
final del texto).
Me parece una respuesta muy abierta (¿populista?): ¿nuevas
opciones para cumplir con el Municipio?, ¿latas de conservas para armar
cajas de despensa? Lo demás me parece aun más inocente: clases de manejo… ¿de
dónde saldrá el recurso? Los infractores, los que se pasan el alto, ¿necesitan
que les enseñen lo que es un ALTO? ¿Qué casos requieren de clases de manejo? ¿No se trata, más específicamente, de reglas de convivencia social? (¿y con qué se come eso?).
No, no se confunda, me parece
escandalosamente insustancial la propaganda de los demás candidatos, una
repetición que con los años memoriza uno. Nadie se escapa de la educación
formal mexicana, de los estándares sociales en los que crecimos, de las
carencias mezcladas con una visión corta y que nos hacen entender la vida en
términos de valores que no son sustancialmente ricos, y que nos hacen
vulnerables a los desórdenes de la avaricia, de la codicia, del egoísmo.
Tengo la fortuna de conocer a luchadores
sociales, y ni uno de ellos está como independiente o en algún partido
político. Entonces, ¿de qué se trata todo esto, cómo nos metimos en estas
camisas tan ajustadas que nos acomodan en el patio de las desigualdades, de la
falta de visión, de la injusticia? ¿Hay que ser idiota, o hablar como uno, para
hacerse entender por la gente, para ganar votos? ¿Hay que retar en público a lo
imposible, hay que mentir?
Quizá habría que comenzar con las
pequeñas cosas, con las ideas más simples, para educar a una generación de otro
tipo de personas, otro tipo de ciudadanos, y otros políticos y policías.
Finalmente, dirá más de uno: Pero hay que
votar, hay que hacer “algo”. Voten pues, en masa, que se hagan largas filas…
Pero por favor, no repitan por el PRI, y de ser posible ni el PAN, ni el PRD,
ni el Partido Verde, ni… Joder.

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