sábado, 21 de mayo de 2016

La periferia





Una joven amiga llegó recientemente de Estados Unidos, para encontrarse en la ciudad en la que ha habitado desde la infancia. Ella vivió principalmente en la Colonia 89, en la periferia, y cuando se casó conmigo pasó al Centro de la ciudad, donde me acomodé después de dar tumbos en diferentes colonias. Ya divorciados ella decidió viajar un poco, y del trópico mexicano se fue a Neva Orleans, Luisiana, donde vivió unos meses. En resumen, ella regresó con otro paisaje en los ojos y otras ideas en la cabeza.

Aquí comenzó una nueva historia. Lo primero que no entiende es que no puede conseguir un departamento en una zona céntrica de Ensenada. No es que no existan ofertas, pero hay algo que no termina de encajar: quizá ella en el ambiente de la realeza ensenadense. Tiene para pagar, tiene un aval que puede responder por ella, pero ella no estudia en el CICESE (Centro de Investigación Científica y de Estudios Superiores de Ensenada), o en alguna de las universidades locales; ella sólo tiene un empleo normal y sus ahorros, y es joven, y ese aire de mujer del sur, que de Guerrero es de pies a cabeza.

Pero, ¿qué tiene el Centro para que sea tan deseable? Es un poco más seguro, el camión recolector de la basura pasa constantemente, escasea menos el agua, las calles están pavimentadas… Detalles como que hay menos garrapatas (por aquello de las mascotas), hay mejor iluminación en las calles, etcétera. Minucias si se quiere, o una mejor calidad de vida, que nunca está mal, y que debería ser para todos los ciudadanos.

Una y otra vez ha obtenido negativas, algo no le agrada a los arrendatarios, a los administradores y… ¿Será su piel morena? No, no debo de tener esos prejuicios. ¿Será que no está estudiando? ¿Será que requiere de un trabajo de primer mundo para rentar un departamento de dos mil quinientos pesos o tres mil? ¿Será que debe tener 30 o 40 años y no veintitantos para ser responsable de sus acciones? O es quizá que el cabello sin teñir es lo que le da la confianza a la gente… Lo se sea me parece desagradable, degradante y excluyente.

La mecánica social está diseñada para no cambiar de espacios, para heredar la miseria o los bienes, para no facilitar el crecimiento. Los muros no sólo son físicos, son verdaderos obstáculos que están en el accionar de los individuos, de las instituciones, de la sociedad. Nacemos para la periferia, para el arrabal o para los suburbios, para determinado lugar.

¿Qué he hecho yo para merecer un poco de la gracia de la sociedad? Bueno, vivo en un pequeño, muy pequeño departamento, exactamente en el límite del Centro y una colonia más bien de mala pinta… Estudié en el CICESE, he escrito algunos libros, soy maestro (eso tranquiliza mucho a cierta gente)… Pero de alguna manera engaño a las personas que amable y ¿racistamente? confían en mi rostro, a esas que me dan su aceptación gentil y ¿discriminatoriamente?: tengo tatuajes, mi abuela paterna era otomí… Soy de la Ciudad de México (chilango, pues)… Mi auto es de los que llaman “chocolates” (está débilmente amparado por una organización que de un momento a otro presiento desaparecerá), mi historial crediticio no es, lo digo suavemente, impecable. Pero, ¿a quién he defraudado, a quién he robado? En cambio, puedo hacer una lista de agravios, hurtos y abusos de la gente bien vestida, de nuestros políticos educados en universidades extranjeras.

Si en el “bien parecido” rostro de la ciudad sucede esto, ¿qué pasa en la comunidades indígenas, en el espacio nacional que no miramos? Los indígenas enfrentan: pobreza, desnutrición, vivienda inadecuada, servicios de salud ineficientes, rezago educativo, falta de justicia, y como cierre, discriminación.

Ese es el barrio en el que acomodamos a nuestra gente.

Lo peor de todo es que la vida continúa, y el tamizado social de las personas. No he salido de la periferia. ¿En dónde estaremos mañana? ¿En dónde se acomodarán nuestros hijos?, ¿debemos vestirlos de gala, debemos cambiarnos de nombre, debemos aclarar nuestras pieles, desterrar las malas palabras, ser una definición plana de lo que es ser “gente de bien”?, ¿debemos cerrar los ojos a las injusticias, a los que hacen la pisca de tomate de fresa en San Quintín, para no importunar con nuestras groseras quejas?

Hay de colonia a colonia, pero también de miseria a miseria.


3 comentarios:

  1. EL COMENTARIO ES EXACTO....AUNQUE NADA NUEVO PORQUE SABEMOS DE LA DISCRIMINACION RACIAL QUE HAY EN MEXICO....PERO EL COMENTARIO ES IMPORTANTE PORQUE ES NECESARIO INSISTIR EN LO QUE DENUNCIA, EN LO QUE DESCRIBE Y QUE SE DIFUNDA PARA QUE ACABEMOS CON ESA ACTITUD!

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  2. Así es, quizá responde a un instante de claridad ante esta realidad... Algo de lo que no había leído en este espacio Baja Californiano, aunque, efectivamente, es algo evidente.

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